Nuevo Ministerio de Seguridad
A nivel regional, ojalá que esta nueva institucionalidad cuente con un seremi titular que sepa liderar esta tarea urgente.
Con la creación de un nuevo ministerio, el Estado de Chile ha resuelto enfrentar la crisis de seguridad y alza de delitos que se viene observando en Chile desde hace algunos años. Si antes la coordinación de las fuerzas policiales estaba alojada en el Ministerio del Interior, la evolución que ha experimentado la delincuencia en el país, con la emergencia de una nueva tipología de delitos y el uso de una violencia desusada para este país, además de la prioridad expresa para la ciudadanía en cuanto a recuperar sus niveles extraviados de seguridad, forzó a los poderes Ejecutivo y Legislativo a crear una nueva institucionalidad.
Mientras el Ministerio del Interior se quedó a cargo de la coordinación política del gabinete y territorial y la gestión de los conflictos sociales, como sus principales funciones, el nuevo Ministerio de Seguridad Pública, que debutó esta semana, tendrá como labor el orden público, la ciberserguridad, crimen organizado y terrorismo, entre los de mayor relevancia para la opinión pública. Se trata de un cambio de magnitud que responde al desafiante escenario que se generó en el país y que tiene, a decir de todos, carácter de urgencia para la población.
Como toda institucionalidad, sobre todo aquellas que empiezan desde cero, gran parte de su sello estará definido por quienes ocupan sus principales cargos. Mientras en la titularidad del ministerio asumió en propiedad Luis Cordero, ex subsecretario del Interior y ex jefe de la cartera de Justicia, en los puestos de seremis de cada una de las regiones, en una decisión que contraría la urgencia de esta tarea, el Gobierno optó por nombrar "interinos", pese a que el cambio no fue de la noche para la mañana.
Los interinatos no son una buena receta. En Los Lagos, región que al igual que el resto del país, también ha evidenciado la emergencia de la trata de personas, del sicariato y de la extorsión, se requiere un seremi titular que asuma con energía y convicción la labor de llevar seguridad a calles y poblaciones. Y tan importante como eso, que sea capaz de convertirse en un actor de peso en la discusión pública que se da en tantos espacios locales, no como tantos otros seremis de esta administración que han caído en la más absoluta irrelevancia, creyendo que mientras menos opinen o debatan, le están haciendo un favor al Gobierno o al país, o a su cómoda permanencia en el cargo.